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Discurso pronunciado por el compañero Secretario General del Partido Vanguardia Popular en el acto de celebración del 77 aniversario de fundación del partido comunista de Costa Rica, celebrado el pasado lunes 16 de junio en el local del Comité Central en Zapote.

Estimados amigos y camaradas:

Nos hemos reunido porque hace 77 años fue fundado el Partido Comunista, que en los años cuarentas, por circunstancias muy especiales cambió su nombre a Partido Vanguardia Popular. Aunque resulte obvio no es ocioso recordar que en esta larga vida el partido ha tenido grandes éxitos y ha cometido también no pocas faltas. Nunca hemos sentido días de gloria, pero sí grandes alegrías; también hemos pasado momentos extremadamente difíciles. Pero los pequeños éxitos no nos hicieron perder la cordura y los momentos duros fueron superados sin que una buena parte de sus militantes, sin lugar a dudas los mejores, perdieran la fuerza de sus convicciones revolucionarias.

Los últimos años han sido difíciles.  La quiebra de la Unión Soviética y la desaparición del llamado campo socialista, hizo que no pocos “comunistas” buscaran caminos torcidos y otros,  asilo en la traición.

No es tenemos el propósito de examinar estos capítulos de la historia nuestra, no es este el momento oportuno. Son unas frases para rendir homenaje a los que no se rindieron, a los dieron muestras de una suprema capacidad de resistencia. A los que mantuvieron vivo a este partido revolucionario, marxista-leninista. De manera muy especial recordamos a los compañeros que dieron sus vidas y sufrieron heridas graves luchando en otras tierras por la libertad de nuestros hermanos. José Angel Marchena, miembro del Comité Central, Rivera, Pepe Romero, Yamilet López, Evangelista Díaz, son ejemplo vivo del internacionalismo del Partido Vanguardia Popular.

No es imprescindible mencionar sus nombres  pero sí agradecer a los que se convirtieron en verdaderos pedestales de la reconstrucción del partido, proceso que, por supuesto, no ha concluido y que seguramente no terminará nunca, porque nunca se acabará el esfuerzo por la construcción de una sociedad justa, que garantice la igualdad de todos los seres humanos. Todo el partido los conoce.

Algunos de los que en otros momentos se ponían de pie para cantar la internacional se convirtieron en nuestros enemigos. Se formó una auténtica coalición tácita contra el partido. Los unía el interés de desaparecernos del mapa político. Unidos por este propósito se unieron las más diversas filosofías, concepciones políticas y hasta intereses personales.

No pudieron desaparecernos.

Luchamos solos, sin siquiera el aliento de un saludo. Pero, poco a poco, vamos saliendo del túnel en que nos metieron.

Seguimos soportando el terrorismo mediático. Las mismas calumnias de los burgueses y los mismos cantos de sirena de los oportunistas. Estas estrategias son bien conocidas.

Pero es la hora de la unidad y no de las discordias. Pedimos a todas las fuerzas progresistas empeñarse en un esfuerzo común por la unidad popular. Este es el requisito indispensable para derrotar a los oligarcas y a su soporte principal, el imperialismo norteamericano.

Es por eso que con motivo del 77 aniversario de la fundación de nuestro querido partido llamamos al pueblo a organizarse y luchar por sus más genuinos derechos, que son los más auténticos derechos humanos que están muy por encima de lo que digan las leyes que salen de los parlamentos burgueses.

Vivimos un momento crucial en nuestro país, al igual que en todos aquellos a los que les fue impuesto el llamado “consenso de Washington”.

Desde el momento en que el FMI y otras agencias del imperio comenzaron a imponer las recetas neoliberales, se inició también un proceso de de empobrecimiento que, conforme pasó el tiempo, se fue agravando. Se fueron perdieron  importantes garantías laborales para los trabajadores, si hizo más difícil el acceso a una vivienda, el IDA fue perdiendo sus objetivos originales y se convirtió en una cueva de rampante corrupción.

 

Uno de los principales propósitos del grupo neoliberal fue la liquidación del sector estatal de la economía y confinar así la función pública en la defensa de los intereses de las capas superiores de la oligarquía y al mantenimiento y profundización de la dependencia en relación con el imperialismo norteamericano. En fin, convertir al país en una semicolonia yanqui, donde la existencia de un estado nacional no fuera más que una mascarada. Desde al Gobierno de Monge hasta hoy este proceso no ha tenido interrupciones aunque sí importantísimas luchas populares, entre las cuales sobresalen las luchas contra riteve, contra milicom, el combo del ice y la lucha contra el TLC,  las luchas sindicales de los educadores, de los muelleros de Limón y de los defensores del medio ambiente y de las organizaciones campesinas.

Estas luchas frustraron las intenciones de varios gobiernos. Fue ante estos fracasos que los principales dirigentes de la oligarquía, entre ellos los Jiménez Borbón, Ucaep y en general las cámaras patronales, elaboraron el plan para llevar a Oscar Arias a la Presidencia. Fue necesario apoderarse con métodos evidentemente gansteriles de la dirección del PLN, sacar del escenario político a los dirigentes de la Unidad Socialcristiana, y conformar una Sala Constitucional corrupta. Este plan tuvo éxito.

Se habían creado las condiciones para dar el golpe de gracia. Por medios fraudulentos lograron aprobar el TLC; el combate que tenían perdido en la calle lo ganaron gracias a los errores de los proponentes del referéndum y a la previsible actividad fraudulenta del TSE.

La aprobación del TLC y de la agenda de implementación no pone punto final a la lucha popular. Es más bien el inicio de una nueva etapa.  Contra el TLC enfrentamos una amenaza, con su aprobación enfrentaremos una realidad de agresión permanentemente contra los trabajadores, contra los campesinos, contra la dignidad de todos los costarricenses patriotas.

Precisamente por eso entramos en una etapa en la que, más que antes, es necesaria la unidad popular, que fue golpeada por el resultado del 7 de octubre.

La unidad popular solamente podrá lograrse y fortalecerse,   si existe un compromiso de sustentarla en las ideas fundamentales de patriotismo y de humanismo, que son   las que pueden aglutinar a los más diversos sectores sociales en una lucha común que tiene que estar dirigida contra la oligarquía y contra el imperialismo.

La lucha tiene un enemigo concreto y visible: frente a nosotros está todo un ejército de dirigentes sometidos, de medios terroristas, de  policías corruptos, de  multimillonarios, de agentes de las cámaras patronales, que no cesan de perseguir al pueblo, explotarlo cada día más y que han convertido nuestro suelo, nuestros recursos naturales y nuestros mares en un bazar donde cualquiera puede comprar lo que quiera, hasta por un precio vil. Este es el negocio gerenciado por los hermanos Arias Sánchez y sus serviles.

Pronto, si no ponemos fin a tanta vileza, seremos extraños en nuestro propio país.

Nos están robando todo. Para recuperar los bienes y la soberanía, el arma primera es nuestra dignidad. No debemos temer a los poderosos. Con ideas justas y fuertes convicciones  podremos más poderosos que ellos.

Las promesas de los demagogos se las lleva el viento, porque no tienen peso moral. Son pura bazofia. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos, esta es una verdad absoluta.

La política imperialista y las maniobras especulativas en las bolsas han provocado una crisis energética terrible, cuyas consecuencias recaen sobre los trabajadores y los países pobres. Al imperio no se le pudo ocurrir nada mejor que convertir los alimentos en combustible, es la fórmula que el c. Fidel Castro sintetizó: “tanques llenos y estómagos vacíos”. La globalización neoliberal es la verdadera causa del hambre y de su crecimiento. Primero los negocios, después los seres humanos. Este es el verdadero rostro del capitalismo.

La crisis de los energéticos y de los alimentos son parte de las crisis financieras y de la crisis general del sistema capitalista mundial. No es una paradoja que a pesar de su aparente poder el campo del capitalismo se hace cada vez más estrecho. Ya no cabe en este mundo. Se hace cada vez más irracional y sus tecnologías militares aparecen cada vez más inservibles: es cierto que sirven para matar,  los crímenes pueden prolongar su vida pero no salvarlo de la muerte. Esta es la lógica de la sociedad actual. Cuba heroica está en su sitio y está en primer lugar en el mundo en varios de los principales indicadores sociales. Vietnam crece y se fortalece. Los coreanos construyen el socialismo en el norte de la Península. Los Chinos después de la victoria de 1949 se han convertido en una gran potencia mundial. No cesa la lucha de los pueblos de Irak y Afganistán contra los invasores yanquis. La América nuestra ha logrado una fisonomía política absolutamente nueva. Venezuela y el Presidente Hugo Chaves con su revolución bolivariana están a la cabeza de los pueblos antiimperialistas. Un aymara, el querido compañero Evo Morales, es Presidente de Bolivia. Esta es una realidad maravillosa, pero es un símbolo del futuro de los pueblos originarios aún más maravilloso. Se han creado instituciones como el ALBA, que incluye a los hermanos nicaragüenses, Unasur, el Banco del Sur y otras instituciones que abren los caminos de la verdadera independencia de los pueblos latinoamericanos.

Claro que nadie puede esperar que el capitalismo se caiga solo o que pueda evolucionar a formas menos brutales de tratamiento de la gente. Ya no, esa posibilidad no existe.

Los caminos de su sustitución por una sociedad justa están abiertos, y cada pueblo ha de llevar adelante la lucha según sus propias condiciones. Para nosotros y en este momento la vía es la unidad popular.

La gran cuestión es cómo ha de ser el socialismo. En lo moral, pensamos nosotros, lo más lejos posible de la degradación capitalista. La igualdad y la justicia son valores morales imprescindibles. En lo político, garantizar al pueblo una participación activa y real en la conducción de los asuntos públicos, sin cortapisas de ningún tipo. Una nueva economía habrá de sustentarse en la propiedad estatal de los recursos naturales y de los  bienes fundamentales que han de ser de todos.  Los necesarios para la vida cotidiana serán, por supuesto, de cada persona, familia o comunidad. Estos son principios, pero que han de expresarse, según nos parece, según los rasgos originales de cada sociedad o de cada grupo humano dentro de un mismo país.

Nosotros, es decir, cada grupo que constituya la unidad popular,  tendrá  que pensar mucho más sobre estas cuestiones a fin de que juntos podamos entregar  una versión coherente a nuestro pueblo. Creemos que así marcharemos  del capitalismo al socialismo.

Con la mente y el corazón puestos en nuestro futuro de lucha rendimos homenaje hoy a el guerrillero heroico, el Che Guevara al cumplirse el 80 aniversario de su nacimiento y al gran luchador campesino Manuel Marulanda Vélez, recientemente fallecido.

Ellos inspiraran por siempre, bajo cualquier circunstancia, a los luchadores por una sociedad que garantice la felicidad a los humildes.

Gracias.

Humberto Vargas Carbonell