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EL ASESINATO DEL CODO DEL DIABLO

Por: Trino Barrantes Araya
E.Mail: camilosantamaria775@hotmail.com

En el año 2001, los compañeros Efraín Valverde y Nidia Aguilar en un artículo denominado: “La Barahunda de Costa Rica en Ginebra : Made in USA, introducían los siguentes aspectos para caracterizar la década en donde se inscribe el asesinato del Codo del Diablo:


«En 1947, en los albores de la guerra fría ,la conferencia de Río de Janeiro debía crear los mecanismos a través de los cuales la nueva organización podía atender a sus cometidos, y en primer término de organizar la repulsa de cualquier agresión extracontinental a una muy vasta " región americana" que incluía territorios de estados que no eran miembros de la organización. Pero el tratado iba en rigor más allá: la acción colectiva por él prevista podría ponerse en movimiento sin que mediase agresión militar, ante cualquier hecho o situación que amenazase la paz americana; estas descripciones deliberadamente imprecisas estaban destinadas a cubrir todas las posibles incidencias de ese conflicto polifacético que era la guerra fría, en la cual la guerra convencional estaba lejos de tener el papel central.
Todos esos aspectos profundamente innovadores del proyecto norteamericano iban a ser aprobados por la conferencia de Río». 


           
La cita nos sirve para reconocer los antecedentes que servirán de marco general a lo que la historia nacional conoce como la Guerra Civil del 48.
La Guerra Civil del 48 sirvió para desenmascarar el verdadero contenido dominante de la burguesía criolla. Al menos así lo demostraron los hechos surgidos desde la represión, consolidados en dicho proceso, mediante todos los mecanismos coercitivos contra la izquierda histórica de este país, cuyo punto más álgido lo constituyó el asesinato del Codo del Diablo.”

“El inicio de la Guerra Civil complicó extraordinariamente el panorama político del país, pues a los determinantes internos vinieron a agregarse los externos: los nexos que Figueres mantenía con exiliados de Centro América y del Caribe interesados en derrocar a los gobiernos dictatoriales de República  Dominicana y Nicaragua, y los objetivos de la política exterior norteamericana. Según Rosendo Arguello hijo, Figueres y este grupo de asilados suscribieron el llamado “Pacto del Caribe”, en Guatemala, el 16 de diciembre de 1947”(Rojas,1980:148).

            La influencia de los movimientos sociales europeos y la consolidación de nuevos proyectos ideológicos verán luz en Costa Rica con el surgimiento del Dr. Aniceto Montero, poco después, el ascenso de los sectores populares conseguiría en 1928, que el Congreso de la República decretaran la Ley de Accidentes de Trabajo. Aunque no podemos atribuir este logro histórico al Partido Comunista, nacido tres años más tarde, si están las huellas de algunos de los que posteriormente formarían las bases del Partido.

            Aunque desde un principio la posibilidad de inscribir un Partido Comunista ha sido imposible, aun en nuestros días, también es cierto que el papel de los comunistas por vía del proceso electoral no es nada despreciable. Así, en 1932, en los primeros comicios electorales en los cuales tiene participación nuestro glorioso Partido, con el nombre de BLOQUE DE OBREROS Y CAMPESINOS, logra elegir dos diputados, el Zapatero Efraín Jiménez y al estudiante Manuel Mora Valverde, para la municipalidad de San José, fueron electos los obreros Guillermo Fernández y Adolfo Braña.

            El primer lustro de los años 40 dejan una impronta que definitivamente marca el ritmo del siglo XX. Sin olvidar que ya mucho antes, en 1934, se logra una de las principales derrotas al imperialismo yanki, en el corazón de uno de sus enclaves más poderosos, la United Fruit Company. El Código de Trabajo, Las Garantías Sociales, La Caja Costarricense del Seguro Social y la Universidad de Costa Rica, van ampliando el sello en donde se materializó la influencia de los comunistas costarricenses.

            En 1946, se promulgó el primer Código Electoral impulsado por el Partido Vanguardia Popular. Le correspondió al camarada Lic. Luis Carballo Corrales, diputado Vanguardista ante el Congreso, la redacción del mismo. Lo novedoso de esta propuesta es que por primera vez se limitaba la potestad al Poder Ejecutivo de intervenir directamente en la organización, dirección y supervisión del proceso electoral (Arce,1987:36).

            La lucha de clases que se vive en esta fase, desembocó precisamente el 12 de marzo de 1948 en la Guerra Civil, con José Figueres Ferrer al frente del “ejército de liberación nacional” y por otra parte las fuerza proletarias conducidas en una histórica política de Alianzas conocida como el “caldero-comunismo”.  Gerardo Contreras refiere este momento de la siguiente manera:

                    “Este episodio militar concluyó con la victoria del señor Figueres, quien instauró la Junta Fundadora de la Segunda República. Y fue por medio de esta Junta Fundadora  de la Segunda República. Y fue por medio de esta Junta Fundadora que se emitió en julio de 1948 el Decreto No.105, que puso fuera de Ley al Partido Vanguardia Popular (comunista) y a la Confederación de Trabajadores de Costa Rica, enviando a la cárcel (Penitenciaría Central) a sus máximos dirigentes, entre ellos, Rodolfo Guzmán, Gonzalo Sierra Cantillo y Álvaro Montero Vega. En diciembre del mismo año, fueron fusilados en el lugar denominado El Codo del Diablo (línea férrea en Siquirres) los dirigentes políticos y sindicales Alfredo Picado, Tobías Vaglio y Lucio Ibarra” (Contreras,1993)

            Dentro de este marco de análisis, Eduardo Mora Valverde, escribe en su libro: “70 años de militancia comunista”, lo siguiente:

 “El más doloroso golpe recibido al iniciarse el período de persecución, a partir del fin de la guerra civil, fue el asesinato en el Codo del Diablo. El 13 de diciembre de 1948 sacaron de la cárcel de Limón a los dirigentes comunistas Tobías Vlagio, Octavio Sáenz, Lucio Ibarra y Federico Picado (quien acababa de ser electo diputado a la Asamblea Legislativa y los montaron en moto-car. que se dirigía supuestamente a la capital. Los llevaron esposados en parejas, después de pasar Siquirres, al llegar a un lugar conocido como el Codo del Diablo, los bajaron y los asesinaron, dejándolos tirados sobre la línea del tren. A 15 miembros de la Juventud del Partido los fusilaron en Quebradillas; a 60 militantes en El Tejar, y a dos, liberados de la Penitenciaría Central por orden de un juez, los llevaron hasta La Cangreja, en Cartago, y allí los mataron. Uno de ellos fue Edwin Vlagio, hijo de Tobías Vlagio.

La Benemérita de la Patria, Carmen Lyra, la más grande escritora nacional, se encontraba al borde de la muerte en México rogando que la dejaran volver al país pues quería morir en su patria, con su familia y con su Partido. No lo logró. Le permitieron regresar a Costa Rica, pero cuando ya no tenía vida.”(Mora,2000:189).

“A Manuel Mora tampoco le permitían volver a su patria, a pesar de los insistentes reclamos de personalidades extranjeras y del pueblo costarricense. Cuando al fin lo logró el 4 de abril de 1950, el recibimiento popular fue muy grande, a pesar de la difícil situación política que vivía el país” (Mora,2000:190).

“todos los cuadros dirigentes del Partido, muy conocidos por supuesto por su actividad diaria, éramos perseguidos y una buena parte detenidos y enviados a las cárceles. El periódico “La Hora” consideró que ya estaba el Partido definitivamente liquidado, y así lo expresó publicando el retrato de Manuel Mora en la primera página…”(Mora,2000:190).

II.- EL MOTOCAR ROJO 156: Una aproximación desde la óptica del cuento narrada por Omar Orozco.

Don Omar Orozco, siguiendo el juicio histórico que reconstruyó Enrique Benavides, nos lleva a una aproximación histórica de los acontecimientos. Sin embargo, en honor a la verdad, el Capítulo histórico del Asesinato del Codo del Diablo, no ha sido trabajado históricamente desde la perspectiva de izquierda. Pequeñas pinceladas se recogen en una basta bibliografía alternativa, pero no se ha dedicado lo suficiente metodológicamente en el tratamiento de uno de los puntos del libro negro de la historia nacional. Por el contrario, ha sido la historiografía tradicional la que ha dedicado más atención a este punto focal. Tal vez el texto que con mayor rigurosidad analiza este evento, es el trabajo que realizó Enrique Benavides. En el libro en referencia leemos, respecto al Asesinato del Codo del Diablo lo siguiente, con el subtítulo de: EL MOTOCAR ROJO 156, lo siguiente:

            En los patios de la cárcel, cundía el miedo, pues, se decía que la fatídica lista era de 14 reos que esa noche, como ya se sabía, saldrían hacia San José. Por fin, a las siete y media de la noche, el Capitán, el criminal MANUEL ZUÑIGA JIRÓN, llamó a su despacho al ayudante Ulises Arias y le dio la lista de reos políticos, trabajadores reconocidos todos como buenos hijos del pueblo. Ulises Arias se arrimó a las rejas de la celda y empezó a cantar los nombres de lo que viajarían…

Tobías Vaglio Sandí: 63 años, pequeño empresario y dirigente Comunista más tarde de Siquirres.

Iván Thompson: Ayudante.

Clarencio Auld Alvarado: Encargado de conducir el Motocar Rojo 156

Federico Picado Sáenz. Recién electo como diputado por el Partido Comunista

Narciso Sotomayor Ramírez

Lucio Ibarra

Álvaro Aguilar Umaña

            El Capitán Zúñiga Jirón se encargaría de formar el equipo militar que acompañaría a los reos políticos que viajarían en el Motocar 156:

Luis Valverde Quirós, Subteniente e investigador del Departamento de Extranjeros, nativo de Juan Viñas, de 46 años de edad. Clarencio Auld Alvarado y Hernán Campos Esquivel.

III.- ¿CÓMO SE LLEVÓ A CABO LA MASACRE?

            Los presos políticos, seis en total, ya se encontraban sentados en el Motocar 156, más los ayudantes que para ese efecto se habían asignado, armas en mano. Serían las 7.30 p.m., del 19 de diciembre de 1948. Clarencio Auld Alvarado, llevaba al cinto un revólver 38 largo especial. Luis Valverde Quirós, llevaba una ametralladora tipo “Reisem” y una pistola automática marca máuser. El propio capitán Zúñiga Jirón, portaba una ametralladora de pecho “Niehausen” y una pistola automática calibre 45, con sus respectivos magazines de tiros; y el ayudante Hernán Campos Esquivel un revolver 38 largo especial.

            Los reos, esposados de dos en dos, sosteniendo en silencio sus bolsas y sus cosas, mancornados, ni una protesta, ni un gesto de cobardía; pero si pensativos en algo fatal. Más tarde, al llegar a Siquirres, el ayudante se bajó y preguntó al despachador, si había alguna orden, contestando este que no.

            A la altura de la milla 41, donde la línea del ferrocarril comienza a bordear por su base el empinado cerro del Diablo, el motorista Auld Alvarado menguó la velocidad conduciéndolo más lentamente, hasta detenerlo en el punto más profundo de la curva en forma de herradura, que se conoce con el nombre de “El Codo del Diablo”. Campos creyó que había fallado la chispa, y se bajó para examinarla, por detrás del vehículo. No tuvo tiempo de examinar el aparato, pues Zuñiga Jirón había dado orden a los reos que se bajaran y entonces dio orden al motorista, para que se adelantara un poco con el motocar, los reos quedaron a unos cuantos metros del vehículo, luego el Capitán Zuñiga Jirón, estando esposados en parejas, abrió fuego con su ametralladora, siguiéndole Valverde. Campos horrorizado y a distancia, contemplaba la escena mudo, desorbitado, sin atinar a moverse de su sitio. Pudo ver seguidamente como Valverde remataba los cuerpos de Federico Picado y el cuerpo de Octavio Sáenz, con su revolver.

            Ocurrió, no obstante, algo que más adelante serviría para descubrir el crimen. Sotomayor y Aguilar cayeron muy cerca del guindo y el segundo quedó prácticamente guindando, sostenido apenas por el primero. Valverde y Auld Alvarado corrieron a sostener a Sotomayor, pero las esposas cedieron y el cuerpo de Aguilar rodó guindo abajo, perdiéndose en la maleza y llevando en la muñeca de su brazo inerte, la evidencia del asesinato.

            El capitán Zúñiga Jirón ordenó a sus compañeros que bajaran a rescatar el cadáver, pero la oscuridad del lugar, lo empinado de la gradiente y las culebras frustraron el intento y el cuerpo de Aguilar quedó ahí como testigo mudo de la masacre.

            Una vez que despojaron a todos los cadáveres de sus esposas, el Capitán pidió a sus compañeros que hicieran varias descargas al aire para simular así el imaginario combate de que luego darían informe a sus superiores. Regresaron después a Siquirres y ahí Zúñiga pidió al Comandante de Limón un tren para repeler un ataque del cual habían sido víctimas en el “Codo del Diablo”. Cuando el tren llegó a Siquirres la versión estaba preparada. No se les permitió a los maquinistas de la Northern y sus andantes conducir el tren hasta el lugar de los hechos. Esto no era prudente, por lo que Clarencio Auld tomó el mando de la máquina y el carro motor siguió detrás del tren, ocupado por los operarios de la compañía.

            Los cadáveres fueron recogidos y llevados a San José. Al día siguiente el parte oficial del Estado Mayor informaría que habían muerto a consecuencia de un ataque del enemigo a la altura del lugar conocido como “El Codo del Diablo”. Las heridas mortales de cada uno de los presos constan en los dictámenes médico/forenses que se incluyen en dicho parte de guerra. Lo particular de esto, es que solo consta uno de los seis dictámenes en dicho expediente. Dicho expediente, dice a la letra:

 “Sr. Juez Primero Penal

  S.D.

El suscrito Médico Forense de esta ciudad certifica haber reconocido, el día 20 de los corrientes, el cadáver de Federico Picado en la Morgue del Hospital San Juan de Dios, habiendo encontrado las siguientes lesiones: Una herida causada por proyectil de arma de fuego, de 1 cm de diámetro en la región auricular izquierda que destruyó parcialmente el pabellón de la oreja. No se veía orificio de salida de este proyectil. También presentaba cuatro pequeños orificios de proyectil de arma de fuego, en la región submaxilar derecha. Las lesiones descritas produjeron la muerte de Federico Picado.

De ud. Atentamente. Dr. Leonidas Poveda E. Médico Forense”.

            Los autores intelectuales de este horrendo crimen político, con la complicidad de la prensa y los órganos de poder judicial, permanecieron en el silencio. Aunque, nuestro Partido Comunista dirigió toda una campaña por estos crímenes de lesa humanidad, señalando con nombres y apellidos algunos de los involucrados en estos eventos, ningún juez tuvo el decoro de abrir la causa penal. El fardo legal y moral era muy grande y llevaba implícito un golpe contundente a la doble moral que ha exhibido la oligarquía nacional de este país.